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Chismes

El Papa comió con 1500 pobres y llamó a no ser indiferentes

 

ROMA.- “Vivir la fe en contacto con los necesitados no es una opción sociológica, no es una moda de un pontificado, es una exigencia teológica”. Al celebrar hoy la segunda Jornada Mundial de los Pobres, Francisco no sólo almorzó con 1500 personas sin recursos en el Aula Pablo VI, transformada en un inmenso comedor, en el Vaticano, sino que, antes, denunció la cada vez mayor indiferencia ante su clamor.

“El grito de los pobres es cada día más fuerte pero también menos escuchado, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son cada vez menos pero más ricos”, lamentó, en una misa solemne que celebró por la mañana en la Basílica de San Pedro. “Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo uno permanece con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, o con los brazos caídos, fatalista; no”, advirtió. “El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él. El grito de los pobres es escuchado por Dios, ¿pero, y nosotros? ¿Tenemos ojos para ver, oídos para escuchar, manos extendidas para ayudar?”, preguntó.

Lo escuchaban entonces en el templo vaticano 6000 indigentes, entre los cuales ancianos, jóvenes y niños de diversas nacionalidades, muchos sin techo, acompañados por voluntarios de distintas realidades caritativas. Muchos de ellos, unos 1500, almorzaron luego con él en el Aula Pablo VI, tal como había hecho el año pasado, cuando tuvo lugar, por primera vez, la Jornada Mundial de los Pobres, evento que también se celebró en varias diócesis del mundo.

“Esta Jornada, que involucra cada vez más parroquias, asociaciones y movimientos eclesiales, quiere ser una señal de esperanza y un estímulo a convertirnos en instrumentos de misericordia en el tejido social”, explicó el Papa al final de la oración mariana de Angelus, ante unas 30.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro.

Aunque fue antes, durante la misa solemne, que Francisco tuvo palabras fuertes. Luego de recordar que una de las acciones que realiza Jesús es “extender la mano en medio de la tormenta”, llamó a escuchar “el grito de los que viven en aguas turbulentas”, “el grito de los pobres”, que es “el grito ahogado de los niños que no pueden venir a la luz” -en una nueva condena al aborto-, “de los pequeños que sufren hambre, de chicos acostumbrados al estruendo de las bombas en lugar del alegre alboroto de los juegos”.

“Es el grito de los ancianos descartados y abandonados, es el grito de quienes se enfrentan a las tormentas de la vida sin una presencia amiga. Es el grito de quienes deben huir, dejando la casa y la tierra sin la certeza de un lugar de llegada”, siguió, refiriéndose a los refugiados. “Es el grito de poblaciones enteras, privadas también de los enormes recursos naturales de que disponen. Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras que unos pocos epulones banquetean con lo que en justicia corresponde a todos”, agregó. “La injusticia es la raíz perversa de la pobreza”, sentenció.

Después de lamentar que “el grito de los pobres es cada día más fuerte pero también menos escuchado, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son cada vez menos pero más ricos”, llamó a los cristianos a no permanecer indiferentes.