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El relato del caníbal japonés devenido en celebridad

La olvidada noticia del asesinato de una estudiante a manos de su compañero de estudios en los años 80, ha vuelto a circular en los medios de comunicación tras la aparición de una película documental que relata lo que se conoció como un crimen de canibalismo “por amor”.

Issei Sagawa, nacido en 1949, es conocido como el “caníbal japonés” debido a su confesa afición por la antropofagia, práctica que pudo llevar a cabo en 1981 cuando acabó con la vida de la joven holandesa Renée Hartevelt, a quien asesinó y, tras abusar sexualmente de su cadáver, devoró, según La Vanguardia.

El hombre llevó bajo engaño a su casa a quien era su compañera de estudios de tercer nivel en la Sorbona, donde compartían clases de Literatura Comparada. Habían quedado en hacer una traducción del alemán, idioma que la joven dominaba. En medio del encuentro, Sagawa trató de besarla, como otras veces, y la chica se resistió. Tras ese rechazo, dijo que iba por una botella de vino para relajarse, pero al regresar portaba un arma calibre 22 que disparó contra ella mientras la mujer estaba de espaldas.

El terrible hallazgo

Hartevelt cayó muerta al recibir una bala en el cuello. Su compañero procedió entonces a violar su cadáver, cortarla en trozos y comérsela. Mientras la devoraba, hacía fotografías. “La carne se deshacía en mi boca, como un sushi. Nunca pude pensar que esto fuera tan exquisito”, recuerda.

Una vez cometido el crimen, trató de deshacerse del cadáver mutilado. Metió sus trozos en dos maletas, pidió un taxi y lo lanzó a un lago en el bosque de Bolonia, en las afueras de París, a la vista de todos. El macabro contenido de las valijas fue hallado sin mayor dificultad.

El testimonio del taxista y de los testigos sirvió para identificar al victimario, quien con total tranquilidad asumió su culpabilidad ante un juez, luego de su detención.

“Desde hacía tiempo tenía ganas de comérmela“, le dijo al magistrado.

“Acto de amor”

El proceso judicial contra Sagawa estuvo lleno de irregularidades, atribuidas a la alta e influyente posición de su familia.

En el tribunal llegó a afirmar que su “gesto” fue un “acto de amor”. “Así conseguí tener a Renée dentro de mí para siempre”.

A pesar de ser un crimen confeso, tan solo se le dictó una pena de dos años en la prisión de La Santé, tras la intervención de un grupo de psiquiatras que adujo diferentes atenuantes de índole psicológica.

El hombre, acostumbrado a tener relaciones íntimas con prostitutas –a las que también sometía a violentas prácticas, según los especialistas–, tenía frustraciones sexuales que lo habrían empujado a cometer tan horrendo asesinato.

Tras cumplir la pena, fue internado en un psiquiátrico. Un año después ya estaba en Japón, debido a que el juez había sentenciado que sufría de una enfermedad terminal, que resultó ser falsa. Luego de evaluaciones psicológicas, se determinó que no tenía trastorno alguno y que podía estar en libertad.

Celebridad antropófaga

Su acto de canibalismo generó morbo en su país, donde se convirtió en una celebridad. El dramaturgo Juro Kara publicó el libro ‘La carta de Sagawa’ y posteriormente él mismo sacó sus memorias, tituladas ‘En la niebla’. Ambos con récord de ventas.

Además, ha sido contratado para participar en anuncios de televisión donde sale comiendo. Escribe libros sobre antropofagía, ha participado en películas pornográficas y se ha dedicado a la pintura.

Sagawa está actualmente sometido a una silla de ruedas, depende de la asistencia pública y lo cuida su hermano Jun.

Documental caníbal

El film ‘Caniba’, realizado por los directores Véréna Paravel y Lucien Castaing-Taylor, presenta un monólogo de Sagawa, según Indiewire.

Para hacer la película, los directores pasaron varios meses con los hermanos, a menudo mirando a Sagawa, sin hablar. En esas imágenes, el japonés muestra un libro con ilustraciones, hecho por él y actualmente agotado, donde representa su crimen y dice qué lo llevó a cometerlo, recoge New York Post.

A pesar de no haber obtenido buenas críticas, los realizadores afirman que el documental tiene momentos “aterradores, cómicos y muy inquietantes“, sobre todo cuando uno de ellos le pregunta a Sagawa si se comería a su hermano y la respuesta es un largo silencio.