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Es mi hijo o no? Pruebas de ADN ahora mas baratas

Hace nueve años que el equipo de Alemañ dedica sus esfuerzos a comparar perfiles de ADN. En este tiempo, han visto proliferar a su alrededor multitud de laboratorios que ofrecen los mismos servicios que ellos. Por eso, una prueba que podía costar 400 euros hace una década está ahora en la mitad de precio. La paternidad es también un negocio y, como tal, se rige por la ley del mercado: a mayor oferta, menor precio.

Resulta imposible conocer el número exacto de pruebas que se realizan al año, aunque se cuentan por miles. Aunque no revelan su volumen exacto de actividad para no dar pistas a la competencia, los laboratorios consultados por PAPEL realizan, cada uno, entre 500 y 700 pruebas al año. Otros países europeos sí disponen de estadísticas al respecto, que pueden dar una idea del fenómeno: en la última década, las pruebas de paternidad aumentaron en Reino Unido de unas 9.000 a unas 20.000.

Para Fernando, nuestro protagonista, las dudas nacieron cuando empezó a olerse que su mujer estaba con otro. La última estadística oficial sobre infidelidad en España se remonta a 2008. El CIS realizó entonces su primer y último estudio sobre Actitudes y Prácticas Sexuales, y reveló que una gran brecha entre hombres y mujeres seguía abierta: un 26,8% de los maridos había sido infiel en alguna ocasión, frente al 8,2% de las esposas.

Los últimos años han ido limando diferencias, y el adulterio femenino ha ido ganando terreno. Los datos que manejan los abogados de familia ponen los pelos de punta: entre el ocho y el 10% de los hijos nacidos dentro del matrimonio son de otro padre. Quienes trabajan con trasplantes arrojan un dato incluso superior: al analizar la compatibilidad entre donante y receptor, encuentran entre un 20 y un 25% de casos en que no existe la relación familiar esperada. «Y no les podemos decir nada, sólo que no son compatibles», confiesan a PAPEL desde un laboratorio conocedor de esta realidad.

La ciencia tiene una respuesta fiable al 99,995%, aunque algunos se siguen agarrando a ese 0,005% de incertidumbre. «En ocasiones, sobre todo las mujeres, dicen que el resultado está mal, que es su palabra contra la de la ciencia», reconoce Clara Martínez, directora técnica del Centro de Análisis Sanitarios. Alguna esposa, pillada en un renuncio, ha amenazado incluso con una denuncia. Sin embargo, esas amenazas siempre han quedado en papel mojado.

Hay casos que rozan el esperpento. Al laboratorio de la doctora Martínez acudieron en una ocasión un hombre de 65 años y una mujer extranjera, que buscaban filiar a dos gemelas recién nacidas. Habían recogido el ADN ellos mismos en el domicilio de la madre, y cuál no fue su sorpresa cuando el análisis determinó que las niñas eran varones. «Tuvimos que hablar con el supuesto padre para explicarle que la prueba no era válida por un fallo en la toma de muestra. Evidentemente, ella no quería que se supiera que sus hijas eran de otro», recuerda.

Si hay alguien experto en infidelidades, esos son los detectives privados. Más que investigar, lo que estos investigadores hacen es corroborar una sospecha «más que certera» con el mayor número de pruebas posibles. «Muchas veces, nuestros clientes quieren que su pareja deje de tratarlos como locos o paranoicos», asegura Vicente Delgado, presidente de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España (APDPE). En los últimos años, las peticiones relacionadas con la paternidad han experimentado «un auge» en sus despachos, y en el 80% los temores se confirman: el padre es otro.

El detective interviene aquí, sobre todo, cuando la recogida de muestras se hace a escondidas. «Localizamos, sin invadir la intimidad de la persona, algún objeto que haya abandonado y del que se pueda obtener un resto biológico», explica Delgado. Porque a los laboratorios de ADN no siempre llega el bastoncillo perfectamente impregnado, envasado y etiquetado. A veces, lo que contiene el sobre son recortes de uñas, una tirita, un pañuelo usado y abandonado en la calle, un chicle recogido de la papelera, una colilla…

Nuestra marca genética nos delata, y ya hay laboratorios que, por unos 75 euros, ofrecen desvelar si esa mancha sospechosa en la ropa interior usada o en las sábanas es, efectivamente, semen. En Neodiagnóstica reciben unas cuatro o cinco peticiones de este tipo al mes, «con pequeños picos en torno a la Navidad, por las fiestas de empresa». En un 60% de los casos, el marido celoso había confundido un resto de fluido vaginal en la ropa interior de su mujer con esperma. Para el resto, y si uno está dispuesto a invertir 400 euros en resolver su presentimiento, se puede hacer una comparativa de ADN para identificar el origen del semen. Un 70% de las veces el gasto era innecesario: el semen era del propio cliente.